Bajar el volumen de la música o del radio al momento de estacionarnos es un acto casi instintivo. Quien no lo haya hecho, que lance la primera piedra, ¿pero te has preguntado cuál es la explicación? La psicología lo tiene claro: aunque suene raro, reducir el ruido nos ayuda a ver mejor.
La clave está en disminuir la carga cognitiva, es decir, bajar la cantidad de estímulos que llegan al cerebro. Si tu atención está dispersa en la música, en una conversación o en cualquier otro pensamiento, tu cerebro simplemente no percibirá con el mismo detalle todo lo que hay en tu entorno. Es como cuando tu computadora empieza a ir lenta porque hay muchas pestañas abiertas: si las cierras, trabajará mejor.
Este fenómeno sucede todo el tiempo, no sólo al estacionarnos. Nuestro cerebro no es tan multitask como creemos. Según la tarea que desempeñemos, se activará una u otra red cerebral y nuestra atención irá de un lado a otro. Un claro ejemplo es lo que sucede cuando comemos en un avión: ¿por qué la comida nos sabe tan desabrida? Puede que sea mal, sí, pero un factor clave es el ruido que producen las turbinas: evita que nuestro cerebro procese por completo los estímulos del sentido del gusto.
Hay un estudio que explica cómo lo que escuchamos puede cambiar nuestra percepción de distintos estímulos. Por ejemplo, si estamos escuchando música de piano con notas agudas, nuestro cerebro percibirá mejor los sabores dulces; en cambio, si escuchamos instrumentos de viento-metal (como una trompeta) con tonos graves, notaremos más los sabores amargos.
Ahí es donde radica la importancia de siempre concentrarse al momento de conducir, sea en una maniobra de estacionamiento o a 110 km/h en una autopista. Si dividimos nuestra atención, el cerebro podría pasar por alto algo del entorno que pueda provocar un accidente.
Fotografía | Nano Banana 2
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